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Sepúlveda

Segovia, Castilla y León | Pueblo oficial

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  • Sepúlveda. Pueblo con encanto
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Descripción

921 54 04 25

turismo@sepulveda.es

Sepúlveda aúna historia, arte, gastronomía, naturaleza, cultura inmaterial y cultura viva. Por ello, no es atrevido definirla como una de las salas más bellas del llamado “Museo vivo más grande del mundo”, es decir, de Castilla y León. 

Sus rincones y callejuelas, sus vistas y paisajes, admirables desde sus numerosos miradores, han sido inmortalizados por numerosos artistas locales y nacionales, como Ignacio de Zuloaga o Lope Tablada, entre otros muchos.

Recorrer sus calles y caminos nos permite adentraremos en su historia, sus enigmas, sus iglesias románicas, sus palacios, sus fueros, en su aire, su luz, sus colores y su silencio. 

Hacer un recorrido por Sepúlveda permite al turista y al caminante, al historiador y al soñador, vivir una experiencia única gracias a su arte, a su historia, a su gastronomía, al enclave natural en el que se erige y a su cultura inmaterial y viva.

Les invitamos a conocerla. El centro neurálgico de la villa es su Plaza Mayor que, a diferencia de muchos otros lugares, se encuentra fuera de lo que era el recinto amurallado, es decir, extramuros. La plaza es rectangular y parcialmente porticada. Situándonos frente al edificio del reloj, podremos admirar una de las joyas y construcciones singulares de la localidad, el castillo, una edificación producto de tres épocas muy distintas:
- En primer lugar, observamos tres torreones pertenecientes a la muralla árabe del siglo X que formaba parte, al mismo tiempo, del castillo-palacio.
- Por otro lado, en los paños de la muralla, se abren dos balconadas pertenecientes a la casa de los González de Sepúlveda, edificio del siglo XVI, y cuyos muros vieron nacer al conocido escritor Don Francisco de Cossío.
- En el siglo XVIII, al castillo se le adosó una fachada barroca acompañada de una espadaña situada en el torreón central y formada por dos campanas, una de las cuales, la zángana, toca cada día el tradicional “Toque de Queda”, 33 campanadas que anunciaban el cierre de las puertas de la muralla y que hoy forman parte de la cultura inmaterial de nuestra localidad, de la tradición popular, tan importante en esta villa. Este edificio, que fue ayuntamiento un tiempo, pero que, sobre todo, es conocido por el nombre de “El Registro”, ya que era el lugar donde se registraban las materias primas que venían a venderse en Sepúlveda y donde se pagaban los impuestos, alberga el balcón desde el que las autoridades presidían los actos públicos.

La Plaza era un lugar en el que se celebraban los mercados, así como las corridas de toros, los bailes y las fiestas populares. Hoy sigue siendo el espacio de celebración de mercados y todo tipo de actividades culturales.

Dignas de recorrer son las dos callejuelas que se abren a ambos lados de la plaza, una de ellas, la calle Lope Tablada, dedicada al importante pintor segoviano, nos permite desembocar en la Casa de los Palomares y Díez, ejemplo de las numerosas casas blasonadas que nos encontramos a lo largo de la localidad. Desde el otro lado de la Plaza nos sorprende una hermosa escalinata que culmina con un precioso Crucero Renacentista. Al subir sus escaleras, nos encontramos con la única iglesia de las tres que se construyeron en zona de extramuros que aún se conserva, la iglesia románica de San Bartolomé. Actual parroquia de Sepúlveda, se trata de un edificio del siglo XII a la que se añaden dos capillas a modo de crucero. En el interior, podemos observar numerosos retablos, destacando uno en el que encontramos a San Bartolomé.

Saliendo del templo, no solo podemos contemplar una sensacional vista de la plaza, sino también imaginar una de las noches más bellas en esta localidad, durante la que se celebra la Fiesta de El Diablillo. Cada 23 de agosto, a las 10 de la noche, las luces de la plaza y del barrio de San Bartolomé se apagan para dar paso a un momento mágico, es entonces cuando, de una hoguera encendida momentos antes, salen los diablillos y bajan la escalinata dando escobazos a los asistentes. 

Junto al castillo, tomamos la calle de la izquierda para llegar a la Plaza del Trigo, así llamada por tenerse antes en ella el mercado de los granos. En ella destacan dos edificios, a la izquierda, el Ayuntamiento de Sepúlveda y, a la derecha, la Antigua Cárcel, un edificio del siglo XVI que actualmente alberga la Oficina de Turismo y el Centro de Interpretación de la Cárcel y que, a través de su visita, podemos adentrarnos en un mundo, el de la prisión, cargado de diversos significados.

En la Calle del Conde, una de las más pintorescas de la localidad, destaca la balconada de la Casa del Conde. Al concluir la calle nos topamos con un ábside de ladrillo de gran belleza, el único de este tenor en la villa, el perteneciente a la iglesia de Santiago, otra de las cinco iglesias románicas que aún se mantienen en pie en Sepúlveda. En el interior de este edificio se encuentra hoy la Casa del Parque o Centro de Interpretación de las Hoces del Río Duratón, de obligada visita si desea adentrarse en otro de los tesoros que nacen en nuestro municipio, el Parque Natural de las Hoces del Río Duratón. Las Hoces del Río Duratón fueron declaradas parque el 27 de junio de 1989 y en el año 2000 entró a formar parte de la Red Natura. Abarca 25 kilómetros comprendidos entre Sepúlveda y el embalse de Burgomillodo y posee una extensión de más de 5000 hectáreas que se distribuyen por los términos municipales de Sepúlveda, Sebúlcor y Carrascal del Río. Las Hoces del Río Duratón poseen un gran patrimonio no sólo ecológico, sino también cultural e histórico. 

Pasada la iglesia de Santiago merece la pena detenerse a contemplar los arcos de la judería, tres arcos apuntados de piedra, rematados con bolas, considerados como uno de los accesos a la antigua judería desaparecida en 1468. La cultura judía fue de gran importancia en Sepúlveda, donde tuvo una gran presencia.

En el alto en el que se encuentra la iglesia románica de El Salvador, podremos admirar singulares vistas de la localidad. El Salvador es un edificio románico de una sola nave con ábside semicircular cuya torre está separada y se accede a ella por un pasadizo abovedado. La nave, cubierta con bóveda de cañón, está dividida en tres tramos por arcos fajones que se apean en pilastras. Adosadas a los muros tiene arcadas ciegas sobre columnas. Su altura sobrepasa lo común en el estilo. La torre tiene una doble hilera de vanos y su planta superior está cubierta por una bóveda esquifada de tipo musulmán. Los arcos del pórtico están agrupados por parejas, apoyándose cada uno separadamente en anchas pilastras, y, al juntarse, en columnas comunes. Un sillar del ábside tiene la fecha de 1093. El pórtico es algo posterior.

La maestría arquitectónica de este templo es imponente. Estamos ante una obra de arte, ante el primitivo románico de Segovia y, quizás, de Castilla, en esta parte del sur del Duero. Parece ser que el constructor de esta parroquia fue un artista foráneo, quizás un benedictino de Silos que estaba trabajando en el camino de Santiago y que conocía muy bien el románico. Los rasgos más característicos de esta iglesia son la armonía de proporciones, junto a la altura y la perfección de bóveda. El arco toral es de medio punto doblado con molduras de hojas trifoliadas. Una imposta de taqueado lo recorre desde el arranque de la bóveda que se une con las molduras de la bóveda a través del arco toral. 

Los temas geométricos y vegetales (con motivos de hojas de acanto y de piña o de vid, palmetas, tallos ondulados, flores en forma de círculo…) siguen modelos asturianos (estrellas de seis puntas) y mozárabes y sobre todo visigodos. Un elemento destacado son los lazos irlandeses, que abundan en los capitales de las arcadas ciegas de la nave. En un capitel de la torre hay esculpido un arco de herradura copia de uno de los de la Cueva de los Siete Altares. Las cabezas y figuras humanas y de animales (los comunes en la región o imaginarios y feroces) abundan en los canecillos.

El pórtico está orientado al mediodía y contiene ocho arcos sobre columnas rectangulares lisas. En los capiteles se encuentran diversos motivos: cuadrúpedos con cabezas de monstruos, grandes hojas con bulbos… Una curiosidad aún perceptible son las marcas o firmas de los canteros que pone de manifiesto la importancia de este gremio entre la población desde la Edad Media.

Una de las tradiciones que tiene lugar en este singular edificio se celebra cada tercer domingo de mes y su nombre es la misa de “Minerva”, instituida para dar culto al Santísimo Sacramento con todo su esplendor. La misa se celebra en esta iglesia con la asistencia de los hermanos de la Cofradía antiquísima del Señor. Tras la misa se celebra una procesión del Santísimo que recorre el claustro. Las velas encendidas, el redoble del tambor muy antiguo y el olor del incienso son algunos de los singulares elementos de esta tradición.

Junto al Teatro Bretón, símbolo de la cultura viva de Sepúlveda, comienza el barrio de Trascastillo, protegido por las almenas desde las cuales uno puede sentir y revivir la época en la que los muros defensivos constituían un elemento clave en lugares como Sepúlveda. Desde allí, podemos ver una de las calles definitorias de la localidad, la Calle Barbacana, que significa doble defensa, y es que este lienzo de muralla que define esta calle es uno de los que mejor se conserva, construcción árabe del siglo X, que supone la continuación del Castillo. Su base conserva las zarpas o basamentos construidos con sillares romanos, obtenidos probablemente de la ciudad romana de Duratón. Este tramo de la muralla desemboca en la puerta del Azogue. Pero, además, la calle Barbacana es también importante porque por ella trascurren los tradicionales encierros que tienen lugar cada año a finales de agosto.
En la Calle de los Santos Justo y Pastor, observamos la puerta del Azogue o Ecce Homo, una de las siete puertas, en este caso románicas, por las que se accedía y se accede a intramuros. Estas puertas son un símbolo de lo defensivo, pero también de control, pues era en ellas donde hemos de situar la figura del portazguero, la persona encargada de cobrar el portazgo, el impuesto que se pagaba por las materias primas que venían a venderse a la villa. Y es que Sepúlveda hoy es conocida por muchos como la Villa de las Siete Puertas: la del Azogue o Ecce Homo, la del Postiguillo, la del Vado, las puerta de la Fuerza, la de Guerrilla o Castro, Duruelo y la del Río, considerada una de las más importantes y antiguas de la villa. 

La iglesia románica de los Santos Justo y Pastor es la actual sede del Museo de los Fueros, símbolo de lo que Sepúlveda fue, del papel que jugó en la historia y de la cultura viva producto del paso de los tiempos, elemento de enseñanza y de aprendizaje, de forma de vida y de religión, de leyes y de convivencia. Se trata de un edificio de tres naves y su cubierta de madera es de par y nudillo. Las naves están separadas por arcos que apoyan sobre pilastras con medias columnas adosadas. Bajo los ábsides tiene una cripta con puerta lobulada, también de tres naves o si, se prefiere, una capilla con tres ábsides, algo insólito en el románico castellano. En el altar hay una estatua, una Virgen con niño en la rodilla izquierda. A sus pies, la sepultura de Díaz González de Sepúlveda, maestresala del infante don Alonso, el hermano de Isabel la Católica.  La Iglesia de San Justo es un magnífico testimonio del arte románico de los siglos XII y XIII.

El Museo de los Fueros tiene como objetivo poner de relieve la importancia de Sepúlveda en la historia y, al mismo tiempo, la historia de Sepúlveda en el contexto de Castilla y de España. Éste es un museo de historia y de arte, pero por su planteamiento está dentro de los denominados museos de identidad en cuanto que refleja la visión que los sepulvedanos tienen de sí mismos, de su Sepúlveda de origen medieval como base de la configuración de Castilla en sus comienzos y del desarrollo de la Extremadura Castellana. Al hablar de Fuero, hablamos de Sepúlveda y de esta villa, de su historia, de su arte, de su importancia en la Edad Media, de su presente y de su futuro. El Fuero nos permite hablar de su Comunidad de Villa y Tierra. Este museo es un espacio creador de cultura, que recoge la riqueza histórico-artística de la ciudad y que constituye un nuevo hito patrimonial. El Fuero es historia pero también es signo y seña de identidad. El Fuero es el camino que atraviesa la historia de Sepúlveda, la vida de las clases dominantes y la del pueblo, la relación de los diferentes grupos entre sí al abrigo de la legislación. El Museo es también un museo de la vida cotidiana, una reflexión sobre la sociedad, sobre las circunstancias que la produjeron y los valores que la sustentaron. El Museo de los Fueros nace con vocación de recoger la historia, afianzar el presente y trasmutar el futuro. Pueblos, aldeas, fuero y leyes nuevas, Comunidad de Villa y Tierra son la base de estas aspiraciones. 

De camino hacia la iglesia de Nuestra Señora la Virgen de la Peña hay dos importantes casas blasonadas, la Casa del Moro y la Casa de las Conchas. La Casa de los Proaños o Casa del Moro destaca por su fachada plateresca, en cuyo frontón observamos la cabeza de un moro sobre un alfanje, que alude a la toma de Sepúlveda por el Conde Fernán González. A ambos lados del frontón, encontramos los escudos de armas de la familia.

A la iglesia inicial de la Virgen de la Peña se suman los volúmenes del camarín, la sacristía, el pórtico, la galería porticada y la casa del cura a los pies. Eliminando todas esas modificaciones, nos encontramos ante una construcción románica, aunque observando el edificio vemos una sucesión de fases en la edificación. Aquí podemos apreciar uno de los grandes logros del románico, que es la conjunción entre arquitectura y escultura. La escultura depende por completo del marco arquitectónico al que debe adaptarse. La iglesia es de una sola nave con ábside semicircular sin crucero, la nave se articula por los soportes de los fajones que la dividen en cuatro tramos con bóveda de cañón. Existen dos puertas de acceso, una a los pies y otra en el muro sur, al que se adosa una galería porticada y un pórtico. La torre se levanta junto a la nave. La sillería arenisca se observa mientras uno trata de diferenciar la diversidad de marcas de canteros, un total de 22 tipos podemos encontrar. 

El ábside se organiza en cinco paños a través de seis columnas. El cuerpo de la nave principal destaca en anchura respecto a la cabecera y en altura. Adosado al muro sur se sitúa una galería porticada. El cuerpo del pórtico, de planta rectangular, se estructura a través de tres arcos, uno externo que forma el arco de medio punto de acceso y dos internos laterales apuntados. Todo este espacio está cubierto con una bóveda de crucería.

En su interior, llama la atención la amplitud de la iglesia y el efecto de recogimiento generado por la penumbra que envuelve el espacio. Es de interés mencionar la existencia de la cripta bajo el presbiterio, sumando esta a la abundante presencia de criptas que se dan en Sepúlveda y su entorno, lo que llama la atención teniendo en cuenta que es un elemento muy poco frecuente en las iglesias románicas castellanas. La de mayor monumentalidad sería la de San Justo. La nave se cubre con bóveda de medio cañón. La combinación de un elemento innovador, como es la triple columna, relacionado con las construcciones protogóticas, permite situar la construcción de la nave a caballo entre el fin del siglo XII y principios del XIII. La incorporación de arcos ciegos en las naves es excepcional, ya que son escasos los ejemplos que de ellos disponemos en Castilla.

Las iglesias románicas se caracterizan por la integración de las diferentes artes, dependiendo la escultura y la pintura directamente de la arquitectura. Es la escultura fundamentalmente arquitectónica, distribuyéndose por las diferentes partes del templo: tímpano, arquerías, frisos, capiteles, ábacos, impostas… Junto a la iconografía oficial, promovida por la Iglesia y de carácter religioso, encontramos una iconografía popular que refleja la sociedad del momento. Sin duda, un elemento destacado es la portada del templo, que separa el exterior, profano, del mundo sagrado. En ella es el tímpano una de las joyas de esta iglesia, no sólo por su rareza en el románico castellano, sino también por su temática y estilo, más característicos del arte del camino. Ocupa el centro del semicírculo el Cristo Juez apocalíptico, en mandorla angular, rodeado por el tetramorfos (símbolo de los evangelistas) y seis ángeles adoradores con filacterias. Todo está soportado por el dintel, en cuyo centro y eje con Cristo se coloca el crismón, sujeto por dos ángeles, y, a los lados, la lucha contra el dragón y el peso de las almas. Es la concreción plástica de la visión apocalíptica de San Juan, donde llama la atención la mandorla angular, de la que se conocen pocos ejemplos.

Es de excepcional belleza e interés recorrer cada uno de los rincones de este edificio románico para admirar los canecillos historiados, tabicas y arquillos y capiteles. El camarín, una de las creaciones más originales del barroco español, surge como un espacio dedicado exclusivamente a la devoción de una imagen. Las dos obras más importantes que se conservan en el interior de esta iglesia son la escultura de la Virgen de la Peña, de finales del siglo XIII - principios del siglo XIV, por ser la más antigua y la más importante devocionalmente, y la talla del Cristo, de la primera mitad del siglo XIV.

El retablo mayor, retablo barroco del primer tercio del siglo XVIII, es un retablo camarín, creación genuina del arte barroco español.

Este templo tiene una singularidad más, y es que está situado sobre una de las Hoces del Río Duratón, en un paisaje de singular belleza. Así que, tras visitar el edificio, caminaremos hacia la parte trasera para acceder a un mirador desde donde podremos disfrutar de la vista de  las primeras Hoces del Río Duratón.

Junto al cuartel de la Guardia Civil parte la Senda de los Dos Ríos, la senda de la muralla natural sobre la que se asentó Sepúlveda y que nos permite, al tiempo, visitar el comienzo de las Hoces del Río Duratón y del Parque Natural, vivir los colores y los sonidos del campo, admirar especies únicas e imaginar unos muros y puertas cargados de historias, de ayer y hoy. En este paseo conoceremos la Puerta de la Fuerza, la calzada romana, el puente Picazos, el puente Talcano, el precioso paraje conocido como la Fábrica de la Luz, la Silla del Caballo (parte del pliegue de rodilla que tiene esta singular forma), la puerta del Castro y la de Duruelo, el río Caslilla y la puerta del Río, por donde llegaremos a uno de los barrios más bellos de la localidad, el barrio de San Esteban o barrio de las Pucherillas.


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